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sábado, mayo 14, 2005

Discurso, Poder e Identidad

“El poder es tolerado solamente bajo la condición de que una parte sustancial del mismo permanezca oculta. Su éxitoes proporcional a su habilidad para esconder sus propios mecanismos” (Foucault, 1976:86).

El “amor romántico” es un discurso al cual todos nosotros estamos sujetos. A través del cine y la televisión, estamos rodeados de imágenes de amor verdadero, amor entre jóvenes, amor a primera vista, y amor no correspondido. Es tema de canciones, las revistas publican cartas sobre el tema, y todos nosotros nos hemos preguntado alguna vez si estamos enamorados, si lo hemos estado, o si alguna vez lo estaremos. Como modo de formatear nuestros pensamientos, emociones y comportamientos, el discurso del amor romántico debe ser probablemente uno de los más prevalecientes en la sociedad moderna. ¿Cuáles son las imágenes y los supuestos de este discurso? ¿Qué es lo que afirma? En primer lugar, se considera a sí mismo como una característica “natural” de la condición humana que tiene una función en la formación de parejas (en general, exclusivamente heterosexual). El amor aparece como el cemento emocional que fortalece la relación sexual entre hombres y mujeres. Si realmente amamos a alguien, esto quiere decir que nos preocupamos por esa persona y por su bienestar y, hasta cierto punto, somos responsables por ese bienestar. A su vez, puede esperarse que el sexo forme parte de esa relación, y que será dado gratuitamente. En segundo lugar, el amor es el fundamento del matrimonio y de la vida familiar, y el casamiento es visto como el punto culminante, apropiado y natural, de la unión romántica. De esta manera, “enamorarse” es visto como el paso previo a una “relación de cuidado”, sexual (matrimonio) en la cual hombres y mujeres se responsabilizan por el bienestar del otro y de su familia. (…)
De todas maneras, discursos tales como “amor romántico”, “matrimonio” y “familia” pueden ser considerados como formas de hablar acerca de nuestras vidas, maneras de construirlas, vivirlas y representárnoslas, que ocultan convenciones sociales injustas. En otras palabras, podríamos estar encuadrándonos en formas de vida que no necesariamente responden a nuestros propios intereses, sino a los intereses de grupos relativamente poderosos de la sociedad, ya que los discursos disponibles para otorgar un marco a nuestras experiencias obtienen nuestra aprobación; y por supuesto las feministas (aunque no necesariamente auto denominándose construccionistas sociales) estuvieron entre las primeras en aportar críticas a nociones tales como “amor romántico”. Desde la perspectiva Marxista clásica, el casamiento y la familia juegan un rol crucial en el mantenimiento de la economía capitalista. Es preciso que los hombres, como trabajadores, estén disponibles cada día en el mercado del trabajo listos para vender su fuerza de trabajo. Precisan estar alimentados y vestidos, tener su salud atendida y ser liberados de otras responsabilidades familiares, tales como llevar a los niños a la escuela o al dentista, y hacer las compras. De esta forma, las mujeres juegan un rol central en esta “reproducción” diaria de la fuerza laboral, y en su renovación de generación en generación en la forma de niños que, a su vez, se convertirán en trabajadores. Pero, a su vez, es vital que las mujeres provean estos servicios en forma gratuita. Si las mujeres no se casaran, tuvieran hijos y proporcionaran el cuidado y los servicios sexuales en forma gratuita, estas cosas (cocinar, lavar, cuidar a los hijos, etc.) sería pagado por los empleadores a través de los salarios. La idea del “salario familiar” (por ejemplo, que a un hombre debería pagársele suficiente dinero como para mantenerse no sólo a sí mismo, sino a una mujer y a niños que dependen de él) sirve además para legitimar la posición de las mujeres como proveedoras de servicios sin cargo a sus maridos y familias. Pero si se les preguntase a un grupo de hombres y mujeres por qué creen que la gente se casa y qué creen que es el matrimonio, sería poco probable que estas ideas aparecieran entre sus respuestas. El discurso del “amor romántico” sirve para reconstruir este arreglo económico como una narrativa acerca de una relación de cuidado y beneficio mutuo a la cual se accede por voluntad propia y por razones personales y emocionales. Los hombres y las mujeres se casan porque se aman mutuamente, y las mujeres se ocupan de sus esposos y sus familias porque los aman.
En efecto, tenemos aquí dos narraciones, dos construcciones diferentes, dos versiones en conflicto acerca del matrimonio y la familia –el grupo de discursos “amor romántico/ matrimonio / familia” y el “discurso Marxista”, y es la primera “versión” de los eventos la que es considerada como el “sentido común”. En los términos de Foucault el poder se ejerce a través de estos discursos (al convencer a las mujeres de otorgar sus servicios de buen modo, y al convencer a los hombres de que el dinero que reciben como salario es un truque justo por el trabajo que han realizado) es muy exitoso dado el grado en el cual ha sido posible mantener oculta su operación por medio de los discursos del amor, el casamiento y la vida familiar.

Burr, Vivien; “Una introducción al construccionismo social”, Capítulo 4: ¿Qué significa tener poder?

3 Comments:

Blogger Astray said...

Me maté tipeando, asique ahora comenten!

14/5/05, 2:48 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

che gorda! lo escribiste todo a manito? waawww.Ta bueno, si. Pero es lo mas machista del mundo, esa definicion es buenisima si la comparo con mis abuelos. Pero me parece que hoy en dia no es necesario verlo de ese modo. que se yo! No me gustó, pero me parece que es todo verdad.
Ke Cagada!
Besitos amiga!

16/5/05, 2:02 a.m.  
Blogger July y Nico said...

Hiciste un super super resumen de ese capitulo. O solo querías hablar por alguna razón de el "amor romántico" al cual todos estamos sujetos?. Esta buena ver Foucault Vs. Marx !!

8/11/08, 4:29 p.m.  

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